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DESAFÍOS EN LA INTERRELACIÓN SOCIEDAD-FAMILIA-ESCUELA:  INTERVENCION DO PARA SU FORTALECIMIENTO   EN UMAD CAMPUS PAPALOAPAN

DESAFÍOS EN LA INTERRELACIÓN SOCIEDAD-FAMILIA-ESCUELA: INTERVENCION DO PARA SU FORTALECIMIENTO EN UMAD CAMPUS PAPALOAPAN

Mtra. Ma. Esther Portillo Luna

Universidad Madero Campus Papaloapan

RESUMEN

Preocupación constante de toda institución educativa es nuestro impacto extramuros como respuesta natural a la contribución social que forzosamente debemos lograr para asegurar nuestra supervivencia.

Independientemente de la buena calidad de nuestros servicios hemos perdido de vista la importancia de involucrar a los padres de familia de las escuelas de educación superior como uno de los principales mecanismos de interrelación con la sociedad, bajo el supuesto de que la educación superior ya no requiere de la supervisión directa de los padres o tutores, por lo que parece un tanto natural el rompimiento de relaciones con quienes en primera instancia tenemos un gran compromiso moral dada la importancia de su inversión, pero sobre todo de su confianza.

Ver padres de familia en escuelas de educación básica no sorprende, pero ver padres de familia en escuelas de educación superior es un reto que debemos lograr, no sólo porque se convierten en los principales promotores del trabajo de la institución, sino porque se fortalecen los lazos familiares al ser partícipes de los logras de los hijos, cuestión que se traduce en un sentimiento de realización para ambos, que contribuye al cierre de la brecha generacional y por ende al  fortalecimiento social, preocupación de fondo. 

Lograr traer padres de familia de universitarios a la escuela es en sí misma una estrategia de intervención de Desarrollo Organizacional.

Es ampliamente aceptado que corresponde a una institución educativa de nivel superior la producción de conocimiento y la búsqueda de su aplicación, así como la extensión de la cultura. Por ello y entendiendo como cultura todo aquello que hace el hombre, es decir la forma en que vive, basta con echar una mirada en los medios de comunicación para darnos cuenta que la problemática económica y política hasta ahora no bien resuelta nos arrastra a una encrucijada social nunca antes vista. Vivimos un momento en nuestra historia en el que se trabaja no para la construcción de una mejor patria, sino para su destrucción (Lara: 2011).

El crimen, las adicciones, la violencia, la inseguridad, la corrupción son síntomas de inconsistencia de valores que atentan contra nuestra concepción de país y pareciera ser como afirma Lara que nos encontramos impávidos ante el desmoronamiento social, en vez de enfrentar la disyuntiva entre permitir que este ciclo de destrucción termine con el país, o asumir nuestra responsabilidad ciudadana en primer término y como escuelas en segundo, para reconstruir una nación basada en valores.

Pero ¿en qué momento sucedió esto?, sociólogos, psicólogos, educadores, filósofos aceptan que siendo o correspondiendo a la familia el deber formativo de los hijos, la evidente desintegración familiar y/o el aislamiento social que trae consigo el abuso de tecnologías de la información ha contribuido fuertemente a ello. Y aunque este espacio no pretende ahondar en esta problemática por demás difícil de resolver y con implicaciones de muchos tipos, si haremos una revisión rápida del binomio escuela-familia para llegar al asunto que nos ocupa a partir de una estrategia de intervención de Desarrollo Organizacional, que permita fortalecer lazos familiares en beneficio del mejoramiento social.

DESARROLLO

Mucho se ha hablado de la relación escuela familia como mecanismo para potenciar el impacto educativo en el marco teórico, pero la verdadera dificultad radica en la práctica para poner en marcha dicha relación. En el marco formal es ampliamente aceptado  que la escuela y la familia comparten objetivos comunes como la formación integral y la inserción armónica del individuo en la sociedad. Esto es que ambas instituciones sociales son en sí mismas, agentes primarios de socialización por excelencia. Por ello, ambos sistemas necesitan converger y garantizar estabilidad y equilibrio para una formación adecuada de niños y adolescentes (Ibarra: 2002), pero también de futuros profesionistas. 

Parece entonces pertinente fortalecer esta relación a partir de una intervención de DO e introducir el cambio planeado para mejorar la eficacia de la organización y lograr el bienestar de los educandos. Un mejoramiento de las relaciones humanas en las familias sin duda, repercute positivamente en el desarrollo académico de los universitarios.

En un estudio histórico de la relación escuela –familia se constata la existencia de 3 marcadas etapas de desarrollo, según afirma la doctora Ibarra:

1ª Etapa. Los padres abogaron por su exclusividad en la formación de la personalidad de los hijos y los maestros se dedicaron a la instrucción. 2ª Etapa. Los padres, depositan en los maestros toda la responsabilidad formativa de los niños y adolescentes y maestros que reclaman la participación de los padres en la escuela.

3ª Etapa. En la actualidad impera la perspectiva integracionista que supone que ambas influencias convergen y que la manera más provechosa de potenciar el desarrollo de los niños y adolescentes, es la colaboración entre los padres y los maestros.

Cada día se constata más dicha necesidad, ya que la participación de la familia en la escuela, les confiere a los padres otra perspectiva sobre el niño y/o adolescente y su educación, provocando nuevas actitudes y diferentes grados de relación o prácticas estimulantes, que se acercan más a la visión de los educadores contemporáneos.

Incluso, el involucramiento de los padres en las escuelas se ha adoptado como un criterio de calidad y garantía de eficiencia de la acción educativa, sobre todo en el nivel superior, donde organismos formales de acreditación y/o certificación como FIMPES (Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior) o CACEI (Consejo de Acreditación de la Enseñanza de la Ingeniería), han establecido tal relación como básica en sus procesos de revisión de la efectividad institucional. Sin embargo, dichos intentos no pasan del formalismo de la interrelación, ni logran dar pauta a la conformación de un espacio neutro de convivencia y fortalecimiento de las relaciones familiares como el que aquí se propone. Fortalecimiento que posibilita el cierre de la brecha generacional y por ende el mejoramiento social.

Pero entender la conformación de ese espacio neutro de convivencia y más aún de entendimiento entre padres e hijos no tiene sentido si no reconocemos que las escuelas además de ser centros educativos formales, son entes que deben posibilitar el adecuado desarrollo social y la extensión y difusión de la cultura. Y si ya hemos aceptado por cultura todo lo que el hombre hace, incluyendo como vive, entonces aceptamos también una fuerte preocupación y/o corresponsabilidad precisamente por ello, por el cómo vivimos.

Entre las funciones manifiestas (Ibarra: 2002) que se han atribuido a las escuelas tenemos:

  • Preparación para la vida
  • Transmisión de conocimientos
  • Preparación para la movilidad social
  • Transmisión cultural 
  • Transmisión de valores

O desde el enfoque de la UNESCO, corresponde a las escuelas desarrollar los siguientes aprendizajes:

  • Aprender a conocer
  • Aprender a hacer
  • Aprender a ser
  • Aprender a vivir juntos

Mientras que entre las funciones latentes encontramos, emancipación afectiva de los niños y adolescentes y ocupación de los jóvenes; y es entonces cuando comprendemos la importancia de la conformación de ese espacio apto para la separación de los hijos respecto a los padres, que les posibilite ocupación y formación mientras se insertan a la vida laboral, pero que dicha separación no  cause frustración ni en unos, ni en otros.

Ante esta encrucijada y ante la fría realidad, y no permaneciendo ciegos, sordos o impávidos ante el desmoronamiento social antes mencionado, conscientes del llamado que hacen infinidad de organizaciones hacen para el rescate de principios de vida que nos permitan vivir mejor, porque como dice Fernando Savater “… hay muchos modos de vivir, pero algunos no nos dejan vivir”, no podemos ya reducir el papel de la universidad a la mera obtención y promoción del conocimiento, sino a la aplicación del mismo en atención de las necesidades sociales, por lo que la perspectiva que aquí se trata es muy digna de atención.

Si como ya dijimos y sin caer en una perspectiva reduccionista aceptamos que la disfuncionalidad de nuestro país es producto de la disfuncionalidad de nuestras familias, está entonces en nuestras manos la posibilidad de contribuir en algo al fortalecimiento social a partir del trabajo directo y formal extramuros que podemos hacer, siendo nuestros jóvenes estudiantes y sus familias parte directa de ese complejo entramado social. Finalmente somos las instituciones de educación superior, las responsables de formar profesionistas con capacidad de auto liderazgo, decididos a emprender la acción desde la posición que ocupen y capaces de impactar positivamente a quienes les rodean (Jenson: 2002).

Muchos afirman que en la educación (en nosotros) se fincan las expectativas de desarrollo social del país, pero esto no será posible si no revisamos continuamente la vigencia de nuestro modelo educativo y las estrategias de acción académica que nos llevan al logro de nuestros objetivos. Vaya que el desafío es grande y no podremos enfrentarlo si no los contextualizamos dentro del cambio de paradigma de los fines de la educación y de las necesidades sociales, pero sobretodo en nuestro filosofía educativa metodista que nos llama a educar en amor.

Si nuestro entorno mediato o inmediato muestra innumerables evidencias de desintegración familiar en diversos grados y si formalmente reconocemos la presencia de un momento difícil de relación entre hijos y padres justo en la edad que nos ocupada dada la brecha generacional; ya que aún en el mejor de los casos nuestros jóvenes se sienten poco entendidos. Hemos de trabajar entonces, para que la universidad se erija como el espacio perfecto, desde y donde a partir de la actividad académica y extraacadémica, que pone precisamente de  manifiesto los intereses y gustos personales de nuestros jóvenes, pueda hacer converger la realización profesional de los estudiantes y la de los padres, ya que a diferencia de la instrucción básica de carácter obligatoria, la educación superior se constituye como una opción totalmente personal y voluntaria, sobre todo ahora que, ante la crisis económica y de desempleo se rompe el paradigma de “si quieres salir adelante estudia una carrera”.

Experiencias de trabajo nos han demostrado que buscar el contacto formal con padres de familia para tratar asuntos relacionados con el bajo rendimiento de sus hijos (que además en la mayoría de los casos está asociado a la vez con problemáticas familiares diversas), lejos de lograr resultados positivos con el alumno, refuerzan la negatividad y sentimiento de contra hacia sus progenitores, convirtiéndose en escenarios de exhibición de padres e hijos, cómo afirma la Mtra. Patricia Almendra Fabián, docente de tiempo completo de administración y mercadotecnia de nuestra institución.

Por el contrario, hacer del espacio universitario un foro de verdaderas posibilidades de realización y aprendizaje para los alumnos y hacer partícipes a los padres de ello, son acciones que posibilitan el cierre de la llamada brecha generacional, al permitir mejor entendimiento entre unos y otros, pero que más aún, pueden convertirse en la posibilidad de apertura de canales de comunicación hasta ese momento cerrados, que desde la promoción y manejo del sentimiento de realización de hijos y padres posibilitamos.

Así contribuimos al anhelado fortalecimiento de las relaciones familiares, al rescate de valores básicos como respeto, gratitud, responsabilidad, tolerancia, solidaridad y porque no hasta perdón, que habrán de irse impregnando en la sociedad y cambiando realidades.

A partir de observaciones realizadas por Almendra, en torno a la creciente presencia de padres de familia en los eventos académicos y extracurriculares de nuestra universidad, nos dimos a la tarea de indagar a que obedecía tal fenómeno, porque en definitiva ver padres de familia en el jardín de niños o en las primarias no es de extrañar, pero verles en la universidad es casi nulo a menos que  sean requeridos por alguna autoridad educativa y sobre todo en instituciones particulares.

Pero si bien es cierto que las puertas de nuestra universidad siempre han estado abiertas a ellos como se les informa en los procesos de inducción, y que muchos eventos son abiertos al público como una forma de evidenciar el trabajo que se realiza, también lo es, que esta creciente presencia de padres no se ha debido ni a la invitación formal de la institución, ni a la de sus hijos, sino más bien a la curiosidad de los padres que estando observando conductas novedosas de trabajo y estudio en sus hijos se acercan para despejar dudas, como observa uno de ellos.

Entonces, si nuestro modelo educativo en si mismo está ejerciendo impacto en los alumnos, que como sus padres afirman, les dispone a invertir más tiempo, esfuerzo y recursos en sus procesos de aprendizaje; estos hechos pueden a veces resultar dudosos. Porque no aprovechar esa disposición del chico que esmeradamente propone, elabora, presenta y defiende propuestas de trabajo, que  evidencian sus habilidades, conocimientos y competencias adquiridas y que le permiten sentirse útil, responsable, propositivo, a fin  de reintegrarle un valor quizá perdido o no latente en el mejor de los casos en el ámbito familiar.

En entrevistas realizadas a padres de jóvenes universitarios que han estado recientemente involucrándose en las actividades académicas de sus hijos, pudimos apreciar su asombro al ver a su hijo en plena capacidad de proponer, presentar y defender proyectos académicos o extracurriculares, que les permiten a su vez a ellos, ver correspondidos sus esfuerzos e inversiones. Algunos otros aceptan expresamente que estando cerrados parcial o casi totalmente los canales de comunicación con sus hijos (como ya se expresó), han sido precisamente estos momentos de acompañamiento o involucramiento los que les han permitido, habilitar una canal de comunicación con sus jóvenes.

Y de manera interesante son también los jóvenes quienes expresan la necesidad de que sus padres les acompañen. En entrevista realizada a un joven que acepta que por naturaleza propia es despegado de su familia, haber vivido una experiencia reciente de este tipo, le permitió darse cuenta de que se había privado del sentimiento de satisfacción que le produjo demostrar sus capacidades, pero sobre todo la satisfacción que le produjo el reconocimiento de su esfuerzo por parte de su progenitora y su notable sentimiento de realización y correspondencia.

Sin duda este es sólo un pequeño esfuerzo, en una de las aristas del complejo problema social descrito, pero sin duda son los pequeños esfuerzos, los que producen grandes resultados, logrando que la educación sea entonces el proceso que permita al hombre tomar conciencia de la existencia de otra realidad, más plena a la que está llamado, de la que procede y hacia la que se dirige tal como afirmaba Platón. 

PROPUESTA DE INTERVENCIÓN DO

La propuesta surge de la reflexión expresada y de la convicción de que padres e hijos necesitan y quieren involucrarse, es decir conectarse. Ambos se esfuerzan por un mismo sueño, pero lo hacen desde perspectivas muy distintas, unos aportando los recursos necesarios para la educación formal e integral de sus hijos, y los segundos desarrollando habilidades, conocimientos y actitudes que les permitirán actuar desde un eje profesional, para el beneficio social, como ya la UNESCO estableció en los propósitos educativos para enfrentar los desafíos de la sociedad del siglo XXI: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser (Delors: 1996).

Por ello, y para satisfacer tales propósitos la familia y escuela deben trabajar juntos, lo cual implica profundos cambios en las estructuras de trabajo, particularmente de las instituciones de nivel superior, que socialmente han fortalecido el paradigma de casi nula participación e involucramiento de padres en asuntos universitarios.

Objetivo General:

Posibilitar espacios neutros de convivencia y entendimiento entre padres e hijos a partir de la actividad académica formal, para el fortalecimiento de valores básicos como respeto, gratitud, responsabilidad, tolerancia, solidaridad y porque no hasta perdón, que habrán de impregnarse en la sociedad cambiando realidades.

Objetivo específicos:

  • Constituirnos como un foro de verdaderas posibilidades de realización y aprendizaje para los alumnos y hacer partícipes a los padres de ello.
  • Conocer las expectativas del alumno y de los padres para tener mayor definición de lo que quieren para sus vidas.
  • Fortalecer el impacto extramuros de la institución, ya que padres e hijos se convierten en sí mismos en promotores del trabajo institucional.
  • Fortalecer el cumplimiento de la función de la educación superior “extensión de la cultura”  a partir del mejoramiento social, posibilitado por la coherente relación escuela, familia sociedad.
  • Educar con amor.

Alcance

  • Alumnos, padres de familia y docentes de todas las licenciaturas
  • Presentación de proyectos académicos de impacto extramuros y conveniencia social.
  • Presentación de proyectos integradores.
  • Exhibición de talleres.
  • Eventos y actividades escolares y sociales.

Limitantes

  • Resistencia social a la participación de los padres en actividades universitarias.
  • Disponibilidad de tiempo de los padres para involucrarse en actividades de este tipo.

Estrategias

  • Realizar actividades que favorezcan la convivencia entre padres, alumnos y docentes, promoviendo los valores entre todos y cada uno de los miembros de la comunidad, elevando así la efectividad institucional.
  • Aprovechar las actividades académicas y extracurriculares, de manera que no se genere trabajo extra y que sirvan de espacios neutros de convencía y compartición de logros.
  • Fomentar en los alumnos el gusto y la disposición para participar en actividades de este tipo, vigilando su gradual inserción para el logro de los objetivos planteados.
  • Aprovechar los recursos tecnológicos que disponemos (página, face, twiter), para invitar e informar a los padres sobre este tipo actividades y despertar en ellos la curiosidad de acompañar a sus hijos.
  • Involucrar a padres de familia con perfiles pertinentes como observadores y evaluadores de proyectos planteados.
  • Involucrar a padres de familia que se dan cuenta de los recursos invertidos en un proyecto, para corresponder a sus expectativas.

Recursos

  • Medios electrónicos para información y promoción de dichas actividades.

CONCLUSIONES

Mostrar qué hacemos no es sólo la tarea, sino demostrar y  compartir qué resultados obtenemos. Debemos garantizar que nuestro modelo académico origina objetivos de aprendizaje que convergen en el desarrollo de capacidades de aprendizaje autónomo y en el desarrollo de las competencias incluso sociales.

Reformular el trabajo académico es necesario para la determinación de nuevas posibilidades de impacto extramuros, principal objetivo de una institución de nivel superior y contribuir al fortalecimiento y mejoramiento de las relaciones familiares, nos permite sin duda cumplir con ello y con nuestra misión educativa metodista “educar en amor”.

Hacer algo por al fortalecimiento y mejoramiento de las relaciones familiares y concretamente de  las relaciones padres e hijos, al posibilitar la existencia de por lo menos un canal de comunicación, permite ganar terreno al conectarles o reconectarles, al avivar sus sentimientos de realización, que refuerzan su integridad como personas y con ello el fortalecimiento de valores básicos como respeto, gratitud, amor, tolerancia, necesarios para la formación de mejores individuos y mejores familias.

Finalmente vidas bien administradas, producen gente feliz, gente que crece espiritualmente y que es más productiva. “La sociedad refleja  la salud de sus instituciones principales, las cuales reflejan la salud de las familias, las cuales a su vez reflejan la salud de los individuos. (Jenson: 2002). Es esa precisamente nuestra pequeña, pero significativa contribución social.

REFERENCIAS

  • Almendra, P. (2013). Entrevista realizada.
  • Deloirs (1996) 
  • Ibarra, L. (2002) Educar en la escuela, educar en la familia: ¿Realidad o utopía?.

Ecuador: Universidad de Guayaquil, obtenido en MA. LUIS JIMENEZ IZQUIERDO, DIC

2009.               http://www.csi-

csif.es/andalucia/modules/mod_ense/revista/pdf/Numero_25/MARIA_LUISA_JIMENEZ _IZQUIERDO_1.pdf

  • Jenson, R. (2002). Cómo alcanzar el éxito auténtico. México: Achievment

International.

  • Lara, A. (2011). Semillas de vida. México: Centro de Cultura y Concertación Civil, A.c.
  • Revista de Occidente. Las competencias profesionales como nueva dimensión de análisis en la búsqueda de la calidad en la educación superior. Obtenida de

http://www.ortegaygasset.edu/fog/ver/347/circunstancia/ano-iii—numero-8–septiembre-2005/investigaciones-en-curso/las-competencias-profesionales-comonueva-dimension-de-analisis-en-la-busqueda-de-la-calidad-en-la-educacion-superior (Consultada el 07 de septiembre de 2012).

  • Savater, F. (2006). Ética para Amador. México: Esfinge.

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